Este vino, elaborado al 100% con uvas de la variedad verdejo, procede de un viñedo viejo de nuestra propiedad, situado en el pago del Montico, en el término de Rueda. Se trata del típico terreno cascajoso, pobre, de cantos rodados capaz de proporcionar la máxima calidad a los vinos verdejos de Rueda. La producción está muy limitada a unos 5.000 Kg. por hectárea y la vendimia se realiza a mano en cajas de unos 25 Kg. de capacidad. A su llegada a la bodega, la uva se enfría y se prensa ligeramente sin estrujar ni despalillar. Este tipo de prensado con racimos enteros limita al máximo la oxidación del mosto y mantiene toda su intensidad aromática intacta. Se obtiene así un mosto flor de poco rendimiento pero con altísima calidad. A continuación, el mosto se desfanga o decanta ligeramente y se envía a los depósitos de fermentación, donde ésta se realiza solo en presencia de las levaduras autóctonas. Esta particularidad transmite al vino una mayor personalidad aromática y originalidad. Al finalizar la fermentación, tras un primer trasiego, el vino permanece en contacto con sus lías finas, durante al menos cuatro meses. Estas lías o restos de levaduras inertes, se ponen en suspensión, al menos una vez por semana. Las lías van liberando con el tiempo una serie de compuestos que aumentan el cuerpo, la untuosidad, la complejidad y mejoran la estabilidad aromática durante la permanencia del vino en botella. Son vinos blancos, que aunque no están fermentados en barrica, aguantan frescos y jóvenes durante un mayor periodo de tiempo. La cosecha 2008 se ha caracterizado por unas abundantes precipitaciones de 394 litros/m2. Las lluvias invernales acumuladas en el periodo de octubre a marzo (175litros/m2) aportaron una reserva hídrica suficiente, provocando una brotación vigorosa y homogénea. Esta se desarrolló con normalidad, gracias a las suaves temperaturas del mes de abril y a la total ausencia de heladas primaverales. En el mes de mayo, el frío y las abundantes precipitaciones retrasaron la floración y el ciclo vegetativo. Durante la floración, las bajas temperaturas y las constantes lluvias, provocaron ciertos problemas de corrimiento, sobre todo en la variedad verdejo. Como consecuencia los rendimientos por hectárea se han visto disminuidos en un 35%. Los meses de julio y agosto fueron frescos, secos y soleados, sin apenas estrés hídrico para las plantaciones gracias a las abundantes lluvias primaverales. Las bajas temperaturas retrasaron la maduración de la uva, ocasionando que la vendimia fuera más tardía que la de estos últimos años. Las suaves temperaturas de finales de agosto hasta mediados de septiembre, permitieron una mejor y más lenta maduración de la uva, llevando a la obtención de mostos frescos y aromáticos. La vendimia se desarrolló con normalidad y la uva presentó un excelente estado sanitario. La variedad verdejo, gracias a su hollejo espeso y resistente, soportó bien la presión de la podredumbre provocada por las abundantes lluvias del mes de octubre. Los vinos blancos presentan una intensidad aromática excelente, con una muy buena acidez y un grado alcohólico moderado, que aseguran una perfecta evolución en botella. En boca tienen un gran volumen y persistencia gracias a la disminución de los rendimientos de producción. Vino de color amarillo verdoso. En nariz tiene un marcado aroma varietal de verdejo con una intensidad media, notas de hinojo, finas hierbas, flores blancas, pera, melocotón. En boca es graso, fresco, muy untuoso y con un final largo y redondo. Una buena acidez junto con un periodo de crianza sobre sus lías más finas hará que se mantenga fresco en el tiempo y conserve toda su complejidad aromática. Es un vino que no busca tanta explosividad en nariz, sino un carácter más varietal elegante y complejo. Son vinos que se pueden consumir incluso después de 24-30 meses desde la vendimia. |
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